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¿Te enseñaron a sentirte vulnerable? ¿O que debías ser superwoman / superman?

Nuestra sociedad apela al coraje, a la valentía, a la fuerza… Pero ¿Qué sucede cuando, en momentos como los que estamos viviendo, te sientes vulnerable? ¿Sientes rechazo? ¿Te enfadas o entristeces? ¿O por el contrario te sientes en calma?

La vulnerabilidad no suele ser tan bien recibida en nuestra sociedad. Sin embargo, coraje y vulnerabilidad van unidos, aunque a simple vista no lo parezca. La investigadora americana René Brown lleva dos décadas estudiando el coraje, la vulnerabilidad, la vergüenza y la empatía. Ella define la vulnerabilidad como la sensación que tenemos cuando nos sentimos inseguros, en riesgo o expuestos emocionalmente. A lo largo de estos años de estudio, observó que se puede medir científicamente el coraje de una persona por cuán vulnerable está dispuesta a sentirse. Si tienes una cuenta de Netflix, te invito a ver el especial “Sé valiente”, donde la investigadora habla de ello en profundidad (puedes ver el trailer oficial, aquí). 

Según la Ley de Polaridad, todo tiene dos polos que suelen etiquetarse como positivo o negativo. Estos, suelen entenderse como contrarios pero, en realidad, son complementarios. Normalmente, necesitamos experimentar cada polo por separado antes de llegar a conseguir el equilibrio entre ambos. Por ello, si queremos experimentar el coraje, debemos abrirnos a sentirnos vulnerables, ya que enfrentarse a ciertas situaciones conlleva la posibilidad de sentirnos en riesgo, inseguros o expuestos. 

¿Quiere decir esto que debemos ponernos en riesgo voluntaria y contínuamente? Lógicamente no. El ejemplo claro de estos días es la carga viral. Arriesgarme a salir y exponerme continuamente a la posibilidad de contagiarme con el COVID-19,  no quiere decir que seas más valiente que otra persona. En mi opinión, el coraje no está en decidir obviar que me siento vulnerable porque me expongo al riesgo, sino en afrontar esa vulnerabilidad y, en lugar de ponerme esa coraza haciendo ver que me siento valiente o inmune, tomar la decisión de, por ejemplo, quedarme en casa a pesar del impacto que va a tener en mi negocio.

Pero ser superwoman o superman en este siglo, parece significar que debemos evadir nuestras emociones para no sentirnos pequeños y creer que podemos con todo. Y tan sólo la muñeca de plástico de la foto podría sobrellevar esto sin pagar un alto precio por ello. Evadir tus emociones tiene consecuencias tanto físicas como emocionales (puedes leer más acerca de ello en este artículo de La Vanguardia).

En ocasiones, cuanto más tratamos de evitar una emoción, más fuerte se manifiesta. Tomar conciencia de lo que nos quiere decir esta emoción es importante para mejorar nuestro bienestar emocional. Hay un ejercicio sencillo que me gusta practicar cuando me ocurre esto. Le llamo “personificar la emoción” y consiste en cerrar los ojos, conectar con la emoción e imaginar que toma forma de persona. Me pongo enfrente de esa persona/emoción y hablo con ella. Le pregunto ¿Qué necesitas? ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Por qué te expresas de esa manera?… Suele darme pistas clave que me acercan a la comprensión y la liberación de la emoción.

En estos momentos, la vida nos está pidiendo revisar todos los sistemas; incluido nuestro sistema de creencias. La falta de libertad física al no poder salir a la calle, el sentirnos inseguros ante la posibilidad de enfermar o de perder nuestro negocio/puesto de trabajo, entre muchas otras situaciones que estamos viviendo hoy hace que nos sintamos más vulnerables de lo que estamos dispuestos a aceptar. Aprovechemos esta oportunidad para revisar nuestras creencias respecto a la vulnerabilidad; empezando por dejar de asociarla a debilidad y ligarla al coraje. Analicemos también ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Por qué ese resultado es tan importante para nosotros? ¿Está alineado con nuestro sistema de valores o prioridades? Quizá todo ello nos dé algunas pistas para desmontar trampas emocionales y empezar a conectar con la calma.
Necesitamos abrazar nuestra vulnerabilidad y, desde la confianza, ver las oportunidades que nos brinda el momento, positivizar la situación y movernos hacia el polo del coraje. Porque la vulnerabilidad es el lugar de donde nace el coraje. Y, como dice una antigua leyenda: “esto también pasará”. Es tu decisión aprovechar el aprendizaje o quedarte en tu zona de “confort”.